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Un Recuerdo
Un recuerdo para un ambiente tan entrañable que tenía la
Escuela con sus primeros años, en la que profesores y alumnos
nos conocíamos, convivíamos y juntos pasábamos unos ratos
estupendos en fiestas de disfraces, cenas, viajes, etc. Lo
bonito era que a pesar de la diversidad de pensamiento, edad,
sexo, etc. Existía una camaradería que nos enriquecía a todos.
Mi paso por la escuela fue largo.
Estudié Francés y unos años de Inglés de los que tengo un
grato recuerdo que siempre guardaré en mi pensamiento.
Queta Mora Palou (antigua alumna)
QUÉ SIGNIFICA LA EOI
PARA MÍ
La Escuela de Idiomas es muy importante
para mí en esta etapa de mi vida; estoy jubilada, me hace
tener la ilusión de levantarme sabiendo que tengo mi inglés
esperándome, siempre me ha gustado mucho este idioma y lo he
considerado como imprescindible tanto para el trabajo como
para disfrutar viajando y haciendo nuevas amistades.
La Escuela de Idiomas da la oportunidad
de poder estudiar a muchas personas, ya que es sumamente
económica y dispone de un profesorado excelente. Para mí es
buena por muchas razones: en primer lugar ya he dicho que me
gusta el ingles, ejercito la memoria que por desgracia cada
día era peor, tengo la obligación de arreglarme para salir a
la calle por las mañanas , me relaciono con personas de
distintas edades, que es muy enriquecedor, disfruto en la
clase con mi profesora… para mí todo son ventajas, me alegro
mucho contar en Murcia con la Escuela de Idiomas por mí y por
tantas personas a las que les gusta estudiar y no pueden
económicamente.
MARÍA DE SANTIAGO NB 2 (MJ 11:45)
Hace 13
años….
Hace 13 años que terminó mi paso por la
EOI. Mis recuerdos están ya un poco difuminados: por un lado los idiomas que
allí estudié (que fueron 3) han ido borrándose sútilmente de mi memoria por
falta de uso. Sólo en determinadas circunstancias (viajes, trabajo...)
aflora una mínima parte de lo que aprendí. Pero sí recuerdo con especial
cariño a mis profesores: Fernando, Angel, Antonio, Margarita, Françoise,
Susana y Charlotte, todos ellos fantásticos profesionales y mejores
personas con los que compartí no sólo el horario lectivo sino también muy gratos
momentos de complicidad, cariño, risas e incluso, con alguno de ellos,
lágrimas. A todos ellos, a todos vosotros muchas gracias.
Juana Noguerol (antigua alumna de
Charlotte)
Por qué estoy aquí
Si preguntas a la mayoría de la gente por qué estoy en la
Escuela de Idiomas te dirán que es porque es importante
conocer otras lenguas, porque les interesan otras culturas,
por motivos de trabajo, etc.
Lo mío fue diferente. Por razones familiares dejé mi trabajo
hace unos siete años y decidí dedicarme exclusivamente a mis
dos hijos. Pero un día, de repente, descubrí que los niños
pasaban casi todo el día en el colegio y yo me encontré tirada
en el sofá viendo en la tele uno de esos programas para “marujas”.
Fue en ese preciso instante cuando me dije: “Valeria, como
sigas así se te va a atrofiar el cerebro. Ha llegado la hora
de hacer algo.”
Empezó así mi aventura en la Escuela de Idiomas: primero fue
el Francés, luego el Inglés, el Español para extranjeros, y
este año estoy matriculada en Alemán. Y lo mejor de todo es
que sigo tan entusiasmada como el primer día.
Estar en la Escuela me permite no sólo conocer otras lenguas y
otras culturas sino también es una manera de obligarme a estar
al día. Uso prácticamente a diario el ordenador, navego por
internet buscando emisoras de radio, televisiones y periódicos
de distintos países, leo libros, veo películas en versión
original. Además, en clase tengo la oportunidad de estar con
gente joven, intercambiar opiniones y experiencias. Todo esto
me hace sentir activa, informada y en continuo contacto con un
mundo que evoluciona constantemente y del cual probablemente
me hubiese sentido pronto excluida si me hubiese quedado
apalancada en el sofá de mi casa.
Valeria Bettini
ABEJAS OBRERAS
Reconozco que cuando empecé con mis
clases de inglés a distancia allá por el año 2003 lo hice por
ocupar mi tiempo libre a la vez que hacía algo útil. Acababa
de aprobar unas oposiciones y la verdad, me aburría tras tanto
estudio y actividad previos, así que me animé a estudiar
inglés. ¡Quién no conoce lo práctico y necesario que es el
conocer idiomas hoy en día! Así pues me decidí. Empecé a
asistir a las clases de Open English, aunque más que nada, por
pasatiempo, como digo. Jamás había estado en una Escuela de
Idiomas, desconocía cómo funcionaban y tampoco me había
preocupado de averiguarlo, para ser sinceros. Supongo que el
peor aliado para prejuzgar las cosas es el desconocimiento, y
en mi caso me equivocaba de lleno.
Hoy en día, y tras cuatro años estudiando
aquí mi forma de pensar ha cambiado radicalmente. Una Escuela
de Idiomas no es sólo un edificio físico donde se imparte la
fonética, la gramática y la pronunciación de una lengua; es
como un perfecto engranaje de relojería, donde cada uno tiene
su función y su forma de actuar, desde el compañero de la
cafetería, hasta los conserjes, los funcionarios de
Administración, los profesores y hasta la señora de la
limpieza. Cada uno de ellos es indispensable en sí mismo y a
su vez funciona si trabaja junto a los demás, por eso las
cosas resultan, porque es una colaboración, un consorcio de
todos, una cooperación colectiva, como un gran enjambre de
abejas obreras.
En mi caso he podido notar mi evolución;
desde sólo hacer los deberes y trabajos en casa que se me
pedían hasta poco a poco ir interesándome por leer cosas en
inglés, por ver las series y las películas en versión
original, por intentar entender cuando entrevistan a alguien,
oír la radio, leer periódicos e Internet, y el poder comprobar
cómo poco a poco el oído despierta de su letargo y empiezas
por fin a comprender algo, a hilar el tejido que conforma una
lengua extraña a la tuya, a querer aprender cada vez más y
darte cuenta de que entender y hablar un idioma es sólo el
principio, para mí ha sido y es una gran satisfacción y
orgullo personal.
No he llegado hasta aquí yo sola. Casi
sin darme cuenta ya estoy en cuarto y muchos profesores me han
ayudado en el camino; desde Ana Fúster al principio, gran
profesional, hasta Alicia Gómez Franco, que en todo momento me
ha ayudado a seguir hacia delante facilitándome las cosas
ejerciendo de tutora, haciendo que todo fuera mucho más fácil
cuando estaba embarazada o cuando mi hija estaba recién
nacida. Esas cosas no se olvidan: Gracias. Chris Merrifield,
mi profesora de este año, a la cual no conozco mucho, pero se
nota a la legua que es una gran docente y enamorada de su
trabajo, y a ella voy a parafrasear cuando nos dijo el primer
día de clase que daba igual que cometiéramos errores de
gramática, pronunciación o vocabulario, ahí estamos para
aprender; lo importante es hacernos entender. Al fin y al cabo
una lengua está viva si las personas pueden comprenderse entre
sí y hacerla vivir a través del diálogo, la lectura o la
comunicación.
Por eso decía al principio que una
Escuela de Idiomas es algo más que un edificio. Una Escuela de
Idioma son las personas que la conforman, las que hacen que
todo cobre sentido, las que trabajan por acercar costumbres,
creencias y formas de ser, porque a la larga, todos somos
personas, nazcamos donde nazcamos. Feliz Aniversario.
Elena Martínez Rivero (4º Chris)
MI ESCUELA Y YO
Bueno, ya he comenzado. Hace unos
instantes estaba mirando fijamente mi cuadernillo, bolígrafo
en ristre, sin saber cómo escribir la introducción de este
artículo e intentando organizar en mi cabeza las ideas que
iban surgiendo de aquí y de allá. Y es que resulta muy difícil
poner en orden las emociones.
Me viene a la mente en estos instantes mi
primer día en esta escuela. La profesora comenzó a hablar en
inglés y pensé que aquello me estaba muy grande porque era
incapaz de seguir su discurso. Mi primer impulso fue
levantarme y "salir pitando" de allí, pero no lo hice, pues
eso que todos llevamos dentro, una mezcla de curiosidad y afán
de superación, me lo impidió. Y tengo la obligación de decir
que fue una de las mejores decisiones que he tomado en la
vida.
Dicen que el Barça es más que un club
(esto me parece opinable) y yo digo que La Escuela Oficial de
Idiomas de Murcia es más que una escuela. Da igual la edad que
tengas o la profesión que ejerzas, tu forma de ser o de
vestir, porque aquí nadie se siente excluido, y, en este
sentido, es de agradecer el esfuerzo que realizan los
profesores para que, dentro de una diversidad tan grande de
personas, muchísimas de ellas colaboren entre sí y aparquen
sus obligaciones por un rato para participar en las
actividades de la escuela. Porque, no nos engañemos, estamos
acostumbrados a vivir en soledad y para nosotros mismos más de
lo que creemos.
Sin embargo, nada es perfecto. Siempre
hay cosas que mejorar y no es nada fácil hacerlo cuando se
depende de un presupuesto ajustado y de normas dictadas desde
instancias superiores. Al menos este año, y quién sabe si como
regalo de aniversario, se ha terminado el interior del
edificio aunque, en mi modesta opinión, hemos pasado de un
gris poco alentador a un naranja muy antipático.
Ni que decir tiene que el gran tesoro de
la E.O.I. murciana es la gente que día tras día la llena y
entre los cuales tengo la satisfacción de contarme desde hace
tres años, bueno, y la cantina, donde te hacen unas tostadas
de muerte.
Me parece que no voy a seguir escribiendo
porque se me está gastando la carga del "boli".
por Mª José Rubio
MI PASO POR LA ESCUELA
Una de las primeras sensaciones que
experimento celebrando este primer cuarto de siglo es
satisfacción, orgullo de haber recorrido este largo periplo
casi desde sus comienzos en la Región.
Cuando aterricé en ella
corría el año 1983 (siglo XX) y fue para examinarme “libre” de
1º de Francés ya que había estudiado el idioma durante el
Bachiller y quería seguir aprendiendo en la recién estrenada
Escuela.
Curiosamente, esta tarde,
vagando entre mis “papeletas”, que entonces se daban, he
comprobado con gran alegría que está firmada por la que hoy es
una de nuestras Jefas de estudios Françoise Mallier. La he
mirado un largo rato y he llegado a pensar que ya tengo entre
mis manos un “documento histórico”... porque lo que nunca
pensé por aquéllos días fue que seguiría aquí matriculada
después de 24 años, ¡que se dice muy pronto!
Recuerdo aquellos tiempos muy
difíciles para obtener una plaza ya que no había tantos
sorteos y “requetesorteos” como ahora, ni tenía el viejo
edificio un Salón de Actos, así que nos apretujábamos luchando
por conseguir un número que se “repartía a mano” en espera de
que luego “te tocara” una plaza de alumno oficial, porque como
no había Internet...teníamos que acudir cada día a ver si
salía la ansiada lista de admitidos. Yo estuve entre las
agraciadas y pude entrar al año siguiente en 2º de Francés y
1ª de Inglés por el que me sentía tremendamente frustrada ya
que empezaba a ser moda y yo no sabía absolutamente nada.
Aquél fue un curso feliz en
el que aprendí muchísimo y del que recuerdo unos larguísimos
tests gramaticales en los que debíamos tener un 70% de
respuestas correctas para poder pasar a los exámenes
siguientes...y quienes lo han conocido saben que no estoy
exagerando.
Sentí mucho no poder seguir
estudiando el curso siguiente y otros muchos que vinieron
después, pero cuando pude regresar me llevé la grata sorpresa
de que los cursos aprobados entonces me servían ahora y como
no dejé nunca de leer en ambos idiomas, pude seguir los cursos
con normalidad.
Ahora he encontrado en la
Escuela muchos cambios, y todos ellos a mejor, como los cursos
monográficos especializados, la sala de autoaprendizaje, el
cine en Versión Original, la Semana Gastronómica... y todas
aquellas cosas que, gracias a personas involucradas
desinteresadamente, hacen que podamos vivir más de cerca todas
las lenguas que se imparten, aunque no estemos matriculados en
todas ellas.
Actualmente formo parte de la
vida activa de la Escuela a través del Consejo Escolar y de la ACEM donde me siento muy integrada y donde he vuelto a
encontrar incluso compañeros de entonces.
La Escuela, está considerada
por muchos de nosotros ese lugar donde toda convivencia es
posible y donde no cabe la menor discriminación. Así que
gracias a todos, los de ayer y los de hoy, los de antes y los
de ahora por ese ambiente que habéis sabido crear con el paso
de los años y que HOY nos dais la oportunidad de expresar
libremente.
Emma Martínez de León (4º
Inglés – Chris)
25 años abriendo fronteras
En el 25 aniversario de la Escuela
Oficial de Idiomas de Murcia rendimos homenaje a una de las
sedes de las grandes instituciones de enseñanza pública de
idiomas que nos ofrece hoy día el país que habitamos.
La idea de la Escuela de Idiomas surgió
durante los primeros años del siglo XX, en los que España
estaba gobernada por el monarca Alfonso XIII. Esta época era
heredera de las ideas de la I República (1868-1874), las
cuales perdurarían hasta la II República (1931-1939). En 1876
se había creado ya, heredera de las ideas del krausismo
introducidas en España por Giner de los Ríos, la Institución
Libre de Enseñanza. Ésta basaba sus principios en que la
educación debía ser uno de los lugares que se manifestasen
independientes de la religión, esto es, que debía ser laica y
accesible a todos. A pesar de que la ILE en su fundación era
privada, se fueron extendiendo las ideas de que la educación
debía ser un derecho de todos los ciudadanos, y de que a ella
se debería acceder libremente. En este contexto de cambio
social se inauguró, siguiendo los mismos patrones que la ILE,
la primera Escuela Oficial de Idiomas, la de Madrid, en 1910.
Ésta surgió con el espíritu de la época que ofrecía la
posibilidad de abrir fronteras hacia los países extranjeros,
cultivando los vínculos que pueden unirnos a ellos: la
comunicación a través del lenguaje, sea una u otra lengua.
Sobreviviendo a la guerra civil y a la dictadura franquista,
este ímpetu ha llegado hasta nosotros hoy día, que es cuando
podemos disfrutar a través de las Escuelas de Idiomas de una
educación prácticamente gratuita que nos permite formarnos en
consonancia con el mundo actual: global y con inmensos
tráficos de información transnacional y transterritorial a
través de la web.
Después de la Escuela de Idiomas de
Madrid se fueron creando las diferentes sedes, conforme España
iba siendo un lugar en el que a través del trabajo de los
ciudadanos se elevaba el bienestar social. Así, en 1982 se
creo la Escuela de Idiomas de Murcia, de la que este año
celebramos el 25 aniversario. Esta sede autonómica imparte hoy
día seis idiomas, que permiten por un lado a los estudiantes
de la Región de Murcia acercarse a las posibilidades de
comunicación a través de los estudios de Inglés, Francés,
Italiano, Alemán o Árabe, y, por otro lado, permiten a los
inmigrantes acercarse a nuestra lengua, hablada hoy día por
400 millones de personas en el mundo (según el último informe
recogido en la estadística del Instituto Cervantes), para
poder integrarse mejor. Esto se consigue a través de los
estudios propuestos en las Escuela de Idiomas de Murcia de
Español para Extranjeros.
Tras largos años de estancia en la sede
de un antiguo colegio del barrio de San Basilio, la Escuela de
Idiomas de Murcia inauguró hace escasos años el actual
edificio, diseñado por los arquitectos Francisco Sola Sánchez
y Carlos Brugarolas Martínez. Sobre éste hubo en su día
comentarios muy controvertidos, no sólo por la forma estética
–la cual a fin de cuentas como todo lo que pertenece al gusto
es, según señalaba ya Hume, algo subjetivo-, sino por su
cobertura en zinc que hacía las veces de un aislante del frío
–el cual no suele aparecer con gran ahínco en la ciudad de
Murcia-, y conservador del calor –el cual sobra en la ciudad
de Murcia. Quizás fue un edificio pensado para una ciudad
nórdica, pero sin embargo pudieron solucionarse los problemas
térmicos a través de un gasto extra de aparatos de aire
acondicionado en cada una de sus estancias, no sin tener una
consecuencia diaria de impacto medioambiental.
Ahora que celebramos el 25 aniversario de
la Escuela de Idiomas de Murcia es tiempo de reflexionar
también no ya sólo sobre lo que tenemos, sino sobre los
proyectos a conseguir, buscando propuestas para ello. Resulta
necesario, para una ciudad como Murcia -que tiene 417.000
habitantes, según los datos del 2006 del Instituto Nacional de
Estadística- que se exija al gobierno regional una mayor
inversión para la implantación de planes de estudios de nuevos
idiomas. Si comparamos nuestra Escuela de Idiomas con la de
Alicante –ciudad de 322.000 habitantes según las mismas
estadísticas-, nos percatamos de que en Alicante se imparten
casi el doble de idiomas que en nuestra: además de los que
tenemos, se imparte el Chino, Griego Moderno, Valenciano y
Portugués. En nuestra Escuela de Idiomas resultaría necesario
y útil, además de que tendría gran cantidad de demanda, el
estudio del Valenciano, vista la gran movilidad de
trabajadores que existe entre la Comunidad Valenciana, sobre
todo la zona de la Vega Baja, y la Región de Murcia. Y, a su
vez, mirando a la situación global del mundo actual, la
implantación de un plan de estudios para Chino sería también
de una gran utilidad, ya que es un idioma muy hablado –casi un
séptimo de la población mundial-, y en expansión debido a la
situación de la China actual.
Así, en miras a los años sucesivos,
quizás los veinticinco siguientes, iremos mirando hacia el
futuro para que nuestra Escuela de Idiomas se convierta en un
gran centro de la enseñanza pública de idiomas que nos
acerquen al mundo, como ha mantenido siempre su espíritu.
Nieves Soriano Nieto
Estudiante de Francés, Inglés, Italiano y Árabe
¿25 años de la Escuela Oficial de Idiomas
de Murcia?
Si parece que fue ayer cuando empezaron…
o cuando empecé yo primero de inglés, allá por 1990. Ya en
1988 solicité por primera vez plaza en ese idioma, pero los
fatídicos sorteos numéricos que entonces regían la admisión no
me permitieron entrar hasta dos años más tarde. Yo he dejado
de ser alumno de esta escuela en junio de este mismo año,
2007, por lo que, en realidad, son 19 años los que la EOI de
Murcia ha formado parte, de una u otra manera, de mi vida.
A los alumnos que conocimos
aquellos primeros años nos gusta recordar cómo era la vida de
la escuela entonces. ¡Cómo hemos cambiado! Una vez que eras
admitido en un idioma, tocaba recoger el sobre con el horario
del grupo. No como ahora, ordenadamente y con cita, sino en
una única cola ante la ventanilla de la Secretaría, que daba a
la calle interior. Hemos ganado en comodidad, eso es
innegable, pero hemos perdido la tradición del madrugón de la EOI, muy común entre los estudiantes que queríamos los grupos
de 4 a 5 ó de 5 a 6 de la tarde. Todos los años tocaba
madrugar; uno se hacía a la idea, se iba casi de madrugada a
la verja de la escuela y charlaba con la gente, que casi
siempre era la misma del año anterior, mientras iba saliendo
el sol y, cuando llegaba la hora de apertura de Secretaría, la
cola rodeaba ya por partida doble el antiguo edificio.
Una vez que eras admitido,
había que ir a clase… todos los días (bueno, los viernes eran
alternos). La escuela se convertía casi en tu segunda casa,
sobre todo para los alumnos que, como yo, teníamos varios
idiomas. Durante tres cursos, por ejemplo, yo permanecía en la EOI tres horas cada día. Casi más que en la Universidad. Hoy
en día, con la nueva organización horaria, debe de ser más
difícil que una persona compagine el estudio de tres idiomas.
Aunque, como ventaja de los nuevos horarios, hay que admitir
que, para los que ya tienen obligaciones laborales y
familiares, es más cómodo desplazarse a la escuela sólo dos
días a la semana.
¿Y qué servicios ofrecía esa
sede de la EOI, aparte de las aulas? Como única cantina había
una máquina de café y, tras unas primeras reformas en el
edificio antiguo, se instaló una biblioteca en una sala
diminuta con un par de mesas, dos televisores, algunas
estanterías de libros y muchas buenas intenciones (en ella me
pasé yo un curso haciendo la objeción, pero eso es otra
historia).
A final de curso, los
exámenes. Tengo que confesar que era mucho más cómodo hacer
los exámenes antes, cuando se partía en bloques y los hacías
en tu aula y en el horario al que habías estado asistiendo
todo el año. Eso sí, te pasabas una semana completa haciendo
exámenes (no una mañana entera, como ahora). Claro que al
principio no se coincidía con los libres, ni se ponía la misma
prueba para todos los grupos del mismo nivel. Ahora es un
sistema más incómodo, pero más justo, quizás. Y tras acabar
los exámenes, había que ir a la ventanilla de Secretaría a
recoger la papeleta. ¿No os acordabais ya de las papeletas con
las notas? Pero si no ha pasado tanto tiempo, ¿o sí?
Sí que ha pasado tiempo. Casi
todo ha cambiado. Así, el sistema de acceso ha pasado por
diversas etapas, desde aquel sorteo numérico en el que
buscabas tus dígitos a ver si te tocaba la lotería, hasta el
actual del sorteo de apellido, pasando por el de los puntos,
gracias al cual la Secretaría se llenaba de infinidad de
papeles, fotocopias, certificados, recibos de la luz, etc.
Cómo lograba sacar adelante todo eso la gente de Secretaría es
algo que todavía me sorprende.
Los que somos ya viejos
alumnos hemos pasado por cuatro edificios. Del que más
recuerdos tenemos es, sin duda, de aquel antiguo colegio de
EGB que sirvió de sede provisional durante 19 años. Eso sí,
sufrió diversas transformaciones, desde sus ocho aulas
iniciales hasta las 12 que llegó a albergar. Es, sin lugar a
dudas, el edificio en el que más cómodo me he sentido como
alumno. ¡Quién me lo iba a decir entonces!
Tras muchos años de espera,
se empezó la construcción de la nueva sede, durante dos años
de transición en los que estuvimos estudiando en el IES
Infante don Juan Manuel (por las tardes) y el colegio de la
Paz (por las mañanas), aunque yo solamente iba a este último a
matricularme. Por fin, en septiembre de 2003, tras 21 años de
espera, comenzaron las clases en la nueva sede de la EOI. ¡Qué
decepción! Un edificio precioso para observar de lejos, pero
muy poco funcional para estudiar en él, con mucho espacio
desaprovechado, pasillos estrechísimos junto a un inmenso
vacío interior, con aulas de formas estrambóticas (algunas hay
de planta triangular), y con mucho, mucho calor. Y pequeña. Se
trata de una sede muy pequeña para una escuela como la de
Murcia. Pero, bueno, menos da una piedra y hay que admitir que
hemos ganado en cantina, biblioteca y salón de actos. Poco
más.
Bueno, otro paso adelante es
que se han añadido idiomas: cuando yo empecé había sólo cuatro
(inglés, francés, alemán e italiano). 19 años después, ya se
han añadido dos (árabe y español para extranjeros). Parece ser
que no hay espacio para más. Para ampliar la oferta de
idiomas, la escuela se ha movido para poder ofrecer algunos
cursos monográficos (japonés, chino, ruso, etc.), que
funcionan bien como sucedáneos, pero que no sustituyen la
necesidad de que la capital de la Región pueda ofrecer la
posibilidad de estudiar de manera oficial algo más que cinco
idiomas (seis si eres extranjero). Esto provoca que haya
cierto número de murcianos que tengamos que desplazarnos a
Alicante si queremos aprender otros idiomas que nuestra propia
comunidad autónoma no nos permite estudiar aquí. Tal vez la
solución sea la apertura de otra escuela en la parte sur de
Murcia, para trasladar algunos grupos y poder así ofrecer
aulas libres para nuevos idiomas.
Por último, no hay que
olvidar que, a pesar de todos los problemas que pueda padecer
la escuela, hay un grupo de profesionales que está allí día a
día trabajando por mejorar el servicio al alumnado. Durante
estos años y a lo largo de cinco idiomas me han dado clase un
total de veinte profesores y tengo que decir que la práctica
totalidad de los mismos son profesionales como la copa de un
pino que intentan siempre dar lo mejor de sí mismos para que
aprendamos no sólo otros idiomas, sino otras culturas, otras
maneras de ver el mundo.
Y no tenemos que pasar por
alto al personal no docente, como a los conserjes, que a veces
lidian con consultas de lo más surrealista, o a los
administrativos, que tienen que combinar la atención a un
público que no siempre es muy paciente con la organización de
un sinfín de matrículas, certificados, solicitudes, etc. A
veces nos olvidamos de todos ellos y no somos conscientes de
la importancia de su trabajo, porque es un trabajo en la
sombra, que no se nota mientras se haga bien.
En resumen, los que llevamos
ya años en la escuela estamos orgullosos de haberla visto
crecer y cambiar, en algunas cosas para mejor y en otras no
tanto. Pero siempre la recordamos con cariño. Al principio he
dicho que dejé de ser alumno en junio, pero creo que no se
puede dejar de pertenecer a la escuela después de estudiar en
ella 17 años, durante los cuales he pasado en sus aulas horas
y horas, he conocido mucha gente y he madurado como persona,
desde aquel 1990, cuando entré con 16 años. Y como yo, mucha
más gente.
Gracias en nombre de todos
ellos.
Antonio Delgado Torrico (alumno de la EOI
de Murcia de 1990 a 2007)
La E.O.I
Per me é il secondo anno che vado a
lezione d'italiano e anche studio inglese, per cui non ho un
lungo rapporto con la EOI ma l'anno scorso ho conosciuto della
bella gente e ho avuto l’ opportunitá di parlare ancora questa
lingua che avevo quasi dimenticata e che tanto amavo. Adesso
ripenso ai miei giorni in Italia quando sono andata a lavorare
e trovo pensieri dal profondo del cuore!
Sonia Vidal (4º italiano)
La EOI ha significato per me
l'opportunitá di parlare un'altra volta in italiano. Sono
stata in Italia quando avevo 18 anni, e conservo ancora quei
luoghi... ho tanti ricordi e gente che ho conosciuto, che
ancora vedo... Ci sono tornata dopo tante volte, ma... non é
abbastanza... vorrei stare lì per alcuni mesi, anni ....
Isabel Martínez (4º Italiano)
Per me questo anno alla EOI è molto
importante, dopo tanti anni a lavorare sono ritornata a
studiare e sono molto contenta. Inoltr, tre anni fa ho abitato
con delle ragazze italiane e siccome mi piaceva tanto questa
lingua mi sono decisa a impararla meglio a scuola. Ora capisco
meglio quando parlo con tutti i miei amici e le mie amiche.
MAVI CASTILLO MOYA, 2º Italiano
My
name’s Pilar. What’s your name?
Me llamo Pilar Manzanera, y fui una
alumna (aventajada) de la Escuela Oficial de Idiomas de
Murcia, todo empezó porque una chica americana, de Pittsburg
concretamente, vino a jugar a mi equipo de voleibol y se pasó
una temporada, como seis meses, en mi casa, en mi habitación
porque se quedó casi en la calle... por causas que no vienen
al caso... Tan agradecida quedó con el que yo le cediera hasta
mi habitación que, cuando se volvía a los EE.UU. me propuso
que me fuera con ella a su casa... de vacaciones, y yo que no
tenía ni idea de inglés, pero nada de nada... era de francés
de toda la vida... pues aún así después de pensármelo, no
mucho, la verdad, porque las oportunidades como la que se me
presentaba no se suelen dar muy frecuentemente... así es que
decidí lanzarme a la aventura... total como iba con ella me
fié y pensé que ella me iba a traducir todo, como así pasó,
pues ella era y es profesora de español en una escuela de su
ciudad. Tan bien lo pasé que cuando volví decidí que había
llegado el momento de aprender inglés y me matriculé en la EOI,
pensando, como así fue, que era la mejor opción. ¿A que no
sabéis lo que me sucedió en mi primer día de clase, con Pilar
Castro? Empezamos por lo básico de, What’s your name?
Ella empezó: “my name’s
Pilar... What’s your name? Y me señaló a mí, entonces yo le
dije, my name’s Pilar”, entonces ella, pensando que yo no la
había entendido me dijo: “no, no, listen, y señalándose con el
índice, volvió a decir más despacito” my name’s Pilar and what’s
your name? Y lo repitió como cinco veces pensando que no la
había comprendido, y ya enfadada le dije: “Jolines, que yo
también me llamo Pilar, entonces ella cayó, y empezamos a reír
y contagiamos a la clase entera, después me pidió perdón y es
una anécdota que cada año cuenta a los alumnos de 1º en la
primera clase...
Yo soy enfermera y el inglés
me enganchó de tal manera, que era capaz de salir del hospital
después de haber estado trabajando, pero trabajando duro, en
la UCI toda la noche y me iba a mi clase de inglés de la EOI.
Me integré tan bien en la
Escuela que cuando fueron las jornadas culturales me ofrecí
voluntaria a hacer un vídeo con cosas de Murcia y video
clips... de los que saqué las letras en inglés e incluso las
pasé a máquina, con lo que mi profesora sólo tuvo que hacer
fotocopias y distribuirlas a las demás profesoras, y éstas a
su vez a sus alumnos... también se hicieron “sudaderas” con un
logotipo referente a las jornadas culturales de la EOI y yo me
comprometí a vender algunas ¿?, y me puse las pilas y vendí
unas cuantas en mi familia y un buen montón entre mis
amistades, además de 12 o 14 entre las compañeras de mi
equipo... tantas vendí que Pilar Castro me dijo: “no hacía
falta que vendieras tantas ¡Qué demasiado! Te lo has tomado en
serio... yo le dije: “Pilar sí me comprometo con algo, con
alguien, no me gusta fallar y tampoco que piensen, “mira que
fantasma se coge 20 para vender y las va a tener que pagar
ella”. Pues al final, si hubiera habido un premio a la
productividad... me lo habría llevado yo, porque cuando me
pongo a hacer algo me meto de cabeza y me vuelco como sí me
fuera la vida en ello.
Disfrutaba tanto en clase de
inglés, que ni notaba el gran cansancio, pero Pilar Castro se
dio cuenta y un día me dijo: “Pilar vaya cara de cansancio
tienes ¿es que has dormido mal esta noche?”, a lo que yo le
contesté: “No he dormido nada, porque me ha tocado estar
trabajando toda la noche, pero como el inglés me lo has
metido bien adentro, tanto que, no puedo pasar sin tu clase
diaria..., y luego en mi casa paso unas cuantas horas haciendo
las tareas que tu nos pones, pero mucho ojo que no es ningún esfuerzo
para mí, disfruto viendo como día a día voy empezando a poder
hablar, entender y cantar las canciones que tanto me gustaban.
Para las clases también me
gustaba grabar cintas con la música más conocida en inglés,
pero no me limitaba a eso, sino que ponía las letras, que en
muchas ocasiones, sacaba yo misma, con o sin ayuda, a máquina
en folios que luego mi profesora, Pilar Castro, sacaba copias
para toda la clase.
Mi profesora siempre que leía
mis composiciones me decía:“como es posible que tú, una alumna
de primer curso me haga las mejores composiciones que muchos
de mis alumnos de 5º y es que para mí no era hacer un
esfuerzo, me salía de forma espontánea, y, así sin a penas
enterarme y casi sin esfuerzo pasé de curso.
En mitad del curso hubieron
elecciones a la dirección del centro y como mucha gente me
puse a hacer la campaña para el cambio de director a favor de
Pepe Martínez, porque me pareció un tipo de lo más legal y
capaz de hacer los cambios que la Escuela requería.
Aprobé con muy buena nota el
primer curso de inglés, y todos decían que era imposible que
yo antes no hubiera estudiado inglés, porque el nivel que yo
había alcanzado en un solo curso no era lo normal, entonces yo
lo pensaba y pensaba y llegué a la conclusión de que no era
mérito mío exclusivamente, y es que nos juntamos una
profesora, Pilar Castro, enamorada de su trabajo, y yo, una
alumna, Pilar Manzanera Hernández, con un enamoramiento “loco”
por todo lo de inglés... y, además una inteligencia y una
capacidad de trabajo, muchas veces casi sin descansar,
alucinantes..., de pronto, yo que me había matriculado
solamente para coger nociones básicas de inglés me vi pasando
de curso... y con, si no la mejor nota, si una de las mejores.
Me matriculé en 2º curso de inglés y 1º
de francés..., y entonces conocí a la 2ª Pilar de la EOI,
Pilar Jiménez, congeniamos nada más comenzar el curso...
La EOI en la etapa en que yo estuve tenía
tres pilares para no caerse: Pilar Candel, Pilar Castro y
Pilar Jiménez... yo solamente tuve el privilegio de que dos de
estas pilares fueran profesoras mías.
En 2º con Pilar Jiménez seguí trabajando
sin descanso y también la dejé alucinada por mi capacidad
“alucinante” de trabajo, porque también sabía que muchas veces
iba a clase después de haber estado trabajando sin descanso
toda la noche, y siempre con las tareas hechas y muy bien
según la profesora.
Murcia, a diecisiete de octubre de 2007. |